La ocupación de ríos y arroyos se está volviendo una costumbre en la zona de Puerto Libertad. Allí, los vecinos denuncian que en el perilago del Urugua-í, en tierras que deberían ser públicas, hoy se levantan alambrados y carteles que prohíben el paso a la gente diciendo que es propiedad privada.

Tan cerca de Iguazú, y siendo cada vez más caro y difícil expandir los emprendimientos turísticos alrededor de las reservas ecológicas del parque, los intereses privados buscan acechar a los municipios cercanos, y un pueblo como Puerto Libertad, que perdió hace más de una década sus principales fuentes de trabajo cuando la empresa Arauco S.A. cerrara su principal aserradero, se ve tentado a cercar y explotar su espacio público con estos fines. Todo esto bajo promesa de que las empresas a las que se les concesionan los servicios absorban un poco de su fuerza laboral desocupada.

Por otro lado tenemos a los productores, quienes viven de lo que producen y dependen de lo que venden para mantener a sus familias. Ellos también se ven cercados en su perspectiva de crecimiento, pues la misma Arauco, quien dejara a los habitantes del pueblo sin trabajo, también dejó a los trabajadores rurales sin acceso a la tierra, ocupando el 80% de las tierras cultivables para la plantación de pino.

El caso de Pequeños Productores de Puerto Libertad demuestra cómo la privatización del turismo puede impactar negativamente en las poblaciones más marginales. La expansión de los emprendimientos turísticos y la concesión de la explotación del espacio público a manos de las mismas empresas de siempre, termina perjudicando a las familias que ya no pueden vivir solo de la producción, sino que necesitan acceder a los espacios públicos para vender sus productos.

“La mayoría de la gente que vivimos en Nueva Libertad, vivimos de la venta de los productos de la chacra. Porque acá no hay ninguna fuente de trabajo, no hay nada. Entonces nosotros plantamos y vendemos a los turistas, a los que van a estar ahí en el camping les vendemos la comida para ellos. Nos mantenemos de esa forma. Pero si se privatiza todo, nosotros no podemos ni entrar a trabajar ahí, porque con eso se quedan las empresas de Iguazú, de Esperanza, y a nosotros no nos dejan trabajar ahí porque no estamos con el gobierno, y eso nos atrasa”, afirma Eduardo, referente de Pequeños Productores de Libertad

 

Un nuevo balneario privado en propiedades públicas

Las familias del barrio Nueva Libertad viven de lo que producen en sus chacras, como maíz, choclo, mandioca, y depende de la temporada, naranja o ananá. Esto lo hacen mediante los puestos estables en la feria u ofreciéndoles a los turistas que pasan por el municipio. La situación de muchos de ellos empeoró cuando hace poco más de un año comenzaron las obras en el camping municipal, lugar en el que vendían sus productos a los turistas.

Dicho predio, que se encuentra en propiedad pública al encontrarse a la vera del arroyo, se transformó en el “Parque Acuático Urugua-í”, un emprendimiento de gestión privada, con piscinas y restoranes, destinado al turismo nacional e internacional. A pesar de las promesas del intendente, que aseguró que la entrada para la gente del municipio sería gratuita, el parque aún no se encuentra en funcionamiento por fallas en su construcción que continúan sin ser corregidas a casi un año de su inauguración.

Hace casi dos años que los productores y vendedores de Nueva Libertad perdieron la posibilidad de vender sus productos a los turistas, lo que disminuyó el poco poder adquisitivo con el que contaban algunas familias. Sumidos en esta situación de incertidumbre, algunas de estas familias se asentaron este fin de semana en unas tierras que, si bien alejadas del parque, también estaban a la vera del arroyo Urugua-í. Ese mismo día se acercaron el comisario de policía, junto a un Ingeniero, diciéndoles que en el predio estaba planificada la construcción de otro emprendimiento turístico que aprovecharía el arroyo para levantar un balneario privado.

Sin recibir más respuestas por los arreglos del Parque Acuático Urugua-í, ante las presiones de las empresas turísticas y la población desocupada, el municipio continúa cercando el espacio público para su explotación. Una vez más, los productores de libertad quedan sin respuesta ante la continua planificación de emprendimientos turísticos que los deja afuera de toda posibilidad de trabajo, sobrepasados por los funcionarios municipales en la ocupación del poco espacio público que les queda, un absurdo maratón al que Arauco los empujó.