A 10 años del asesinato de Carlos Fuentealba

 

En marzo de 2007 comenzó el conflicto gremial de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) con el gobierno de Jorge Omar Sobisch, que aún treinta días después mantenía la impasibilidad frente a la situación.

El 4 de abril la decisión fue llegar hasta Arroyito, situado a más de 40 kilómetros de la capital neuquina, y bloquear los principales accesos en la época de mayor turismo por Semana Santa. Dos días antes la definición se tomó en la asamblea con 900 participantes. Se sabía que era una medida compleja, de hecho, se evaluó en la asamblea la lejanía del lugar y la conciliación obligatoria, pero la postura estaba tomada y 48 horas más tarde avanzaron en caravana hacia el lugar.

La espera de la policía provincial y la orden de Sobisch: mantener despejada la ruta. Represión. Corridas. Gases lacrimógenos. Camiones hidrantes. La columna se retira hacia Senillosa, muchas personas se refugian en la estación de servicio y otras tantas corren escapando de la persecución policial. Carlos Fuentealba, se sube al Fiat 147. El policía Dario Poblete dispara a metros del vehículo, el proyectil atraviesa el parabrisas trasero del auto e impacta en la cabeza del docente. Carlos es trasladado de urgencia al Hospital Castro Rendón en Neuquén capital, pero el daño es irreversible. Veinticuatro horas más tarde el parte médico informaría la peor noticia. Cuarenta años, Dos hijas y un proyecto de un mundo socialista por delante. Ese 4 de abril en Arroyito, Carlos dio su última clase.

Aquel 4 de abril y una vuelta dolorosa. El silencio. La ausencia. La espera. Los autos aún envueltos en el olor a gas lacrimógeno y los abrazos de los y las compañeras esperando en la capital sobre la ruta. Las lágrimas. La impotencia. La bronca acumulada y el arrebato por querer sacar a fuerza de grito y angustia las rejas en Casa de Gobierno: “¡Sobisch asesino!” se multiplica en cada una de las voces. Sobisch, horas después, sale vestido de policía a parafernalia de granadas de humo, patrullero y la seguridad toda dispuesta para él. A Carlos, otro grupo de compañeros, compañeras, familiares, amigos y amigas, le mandan fuerzas en las afueras del nosocomio de mayor complejidad. La muerte de Fuentealba fue dolor colectivo.

Paradójicamente a la pérdida le pondría palabras Miguel Rodríguez “es una amargura grande lo que pasó”, y recuerda la tristeza del 97’ con la muerte de su hija, Teresa, quién recibió un disparo durante la protesta docente en la pueblada de Cultral Có. Para Pascuarelli, subsecretario de Seguridad de Neuquén, el disparo habría sido un “error policial”, para Sobisch una orden a cumplir y que “volvería a hacer”. Para Sandra Rodríguez, su compañera, el “señor gobernador, si es tan responsable como él dice, sólo le cabe el deber moral de renunciar”.

Cinco días más tarde y en la avenida principal se encolumnan más de 30.000 personas, para la capital de los Derechos Humanos, está claro que las “tizas no se manchan con sangre”. El pedido del 9 de abril es contundente: “juicio y castigo a los responsables materiales, políticos e ideológicos”. Catorce meses más tarde, el 4 de junio, en la causa Fuentealba I, es condenado a perpetua el integrante del Grupo Especial de las Operaciones Policiales (G.E.O.P.) como autor material del crimen. Sin embargo, a Poblete lo encuentran caminando en 2012 por Zapala y tiempo después en la Causa Fuentealba II las demás autoridades policiales son sobreseídas. La exigencia se renueva: justicia completa.

 

 

Pedagogía de la resistencia

 

Son múltiples lo relatos sobre Carlos Fuentealba, docente del Centro Provincial de Enseñanza Media N.º 69 en el oeste neuquino. Eduardo Galeano dice que es un “muerto incómodo” a quién “ lo sepultan una vez, y otra vez, y otra, y nada. Ahí sigue”.  “Tengo la sospecha de que esta porfiada resurrección no educará a sus asesinos, que ignoran la decencia y desprecian la docencia” continúa el escritor uruguayo. Quedó demostrado por el Gobierno en los próximos días al asesinato de Fuentealba.

Por un lado, la profundización de la medida de fuerza docente, cortes en las rutas, movilizaciones y además la permanencia y acampe frente a Gobernación. Una ciudad de escuelas cerradas y casi un mes la plaza tomada.

Por otro lado, la declaración de la “emergencia educativa” y la facultad que eso le otorgó al Poder Ejecutivo de designar suplentes en los colegios en donde se adhiera al paro. El llamado de padres y madres autoconvocadas para abrir escuelas. Y la acusación a la ministra de Seguridad y Trabajo Susana Arévalo como responsable, ella, en Francia. Sobisch, la echa, a Arévalo, al ministro de Empresas Públicas Alfredo Esteves y al ministro de Educación Mario Morán – ex funcionario y decano durante la dictadura militar – . Se reestructuró la cúpula policial y el Ministerio de Gobierno queda a cargo de Jorge Lara.

27 de abril: un día de definición. La propuesta salarial del Gobierno fue votada por el plenario de Secretarios Generales de ATEN, la decisión por 13 votos, finalizó con la medida de fuerza y con el acampe en la plaza. Tres días después comenzaron las clases en la mayoría de las escuelas. Mayo daría un aire distinto al fatídico mes.

Cada 4 de abril, se transforman las estrategias de un Carlos multiplicado en las numerosas marchas y actividades, un Carlos en canciones, poemas, relatos, documentales, obras de teatro, exigencias, agrupaciones. Un Carlos que se homenajeó el pasado martes con más de 15.000 personas en la calle y con  una biblicleteada que convocó a 500 participantes y transitó desde Arroyito hasta la capital. Finalmente, como cierra Galeano su escrito: “tengo la certeza de que ayudará a confirmar, que no hay impunidad que sea eternamente impune”.

 

 

Colaboración especial de Malen Varela, desde Neuquén