En contra del docente o la docente se invocan varias figuras. Entre ellas la ser seres sin ninguna vocación. Los docentes serían algo como seres desprovistos de la más mínima empatía, seres horribles preocupados solo por sí mismos, y que solo perjudican a los chicos al hacer paro.

Escuché generalmente caracterizar a los docentes de esta manera por parte de periodistas y políticos,  o más bien empresarios haciendo política.

Parece ser que en la Argentina de los globos amarillos los buenos periodistas y los buenos empresarios están indignados porque los docentes no son capaces de preocuparse ni sentirse interpelados por el otro, por los más chicos, los verdaderos perjudicados.

¿Hacerse docente para tener guita? Lo sabemos, es absurdo.

Las críticas que los empresarios y comunicadores del poder le hacen a los docentes se parece demasiado a lo que ellos sí son. Se les dice: piensen en los chicos, den clases en condiciones degradantes, piensen en Argentina.  Pero ¿qué pueden exigir ellos, los Macri, los Vidal, y los comunicadores? ¿Qué pueden reclamarle a los laburantes? Si es gracias ellos que el país se hunde.

Ellos, que piden que se piense en los chicos ¿qué pensaban cuando hacían negocios con la dictadura? ¿Pensaban en los más pobres cuando metían el tarifazo? ¿En quiénes pensaban cuando cerraban puestos de laburo? Cuando desde la pantalla se pedía aplicar reformas neoliberales ¿a quiénes  se beneficiaba?  ¿Dónde estaban los corresponsales de la verdad cuando desde las bancas macristas y peronistas este país se endeudaba nuevamente? Todos ellos ¿en qué Argentina piensan?

Ya lo dijimos, los docentes  actuales  serían seres que han perdido la vocación por enseñar, ya que un docente con vocación da clases incluso muerto. Se confunde la figura del docente con otras dos: una, la del monje y la otra la de una madre dispuesta a dar la vida por su hijo. Figuras, ambas, provenientes del cristianismo. Es decir que el docente, el buen docente, sería aquel capaz de entregarlo todo. El buen docente es aquel que se sacrifica. Horrible. La vocación así entendida, sería vocación de muerte antes que de vida.

En el 2009 leíamos mucho a Freire. Nunca terminé ningún libro suyo, pero no importa. Sin embargo, recuerdo que uno de sus libros decía algo así como que la docente, el docente, no es una tía o un tío. Ya que las tías no pelean por sus salarios, una tía no puede hacer paro. Es decir, la docente, el docente no es una madre o una monja. Son trabajadoras y trabajadores. Y como tal pelean (por suerte) por sus salarios, por mejoras en sus condiciones laborales.

Pero hoy en la Argentina, ser docente y pelear por esto está mal. Se les pide que no peleen en nombre del país. Resulta que mejorar la condición laboral de los trabajadores atenta contra la Argentina. Pero entonces ¿qué es la argentina si no es la mayoría que trabaja? ¿Acaso no será que las luchas de los trabajadores y trabajadoras atenta contra la Argentina esa de los globos amarillos, esa en la que Macri (la clase dominante) puede ser presidente?

Y nosotros ¿En qué argentina queremos estar, la de los ricos más ricos y la de los pobre más pobres, o en esa donde todo eso se invierte?

Macri mostró la foto esa del profesor en Japón dando clases en medio de las ruinas al final de la segunda guerra. Si, te lo están diciendo: Macri y Vidal ( avalado por los comunicadores), si pudieran, te expondrían a la contaminación radioactiva  hasta que te llenes de tumores horribles y mueras. Sin aumentos salariales de ningún tipo. Aunque siempre te podrían pagar con más vocación.

Por último, dos recuerdos. Primero la carpa blanca y segundo las escuelas que se convirtieron en comedores. Resulta que durante los 90 y el 2001 también andaban por ahí las y los docente sin vocación. Cuando este país se fue a pique. Yo me acuerdo que algunos de ellos fueron a servir comida a las escuelas y se hicieron cargo de los chicos que no podían darles comida en la casa. Esto hay que dejarlo en claro: eran docentes, no voluntarios.  Porque resulta que no es contradictorio que se pelee por condiciones dignas de trabajo y que te preocupen los chicos.

 

Colaboración especial de Lucas Ortiz, estudiante de filosofía e integrante del colectivo El Loco Rodríguez