A raíz del inicio en Corrientes del primer juicio oral y público por delitos de lesa humanidad contra trabajadores de la empresa Las Marías, el sociólogo y periodista Pablo Fernández Long, ex asesor del Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y las Ligas Agrarias de Misiones (LAM) entre 1972 y 1975, y ex diputado provincial por el Partido Auténtico en 1975, comparte con tierra roja algunas memorias en clave de crónica.

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Pablo Navajas Artaza – In Memoriam

Por Pablo Fernández Long

 

Serían las 9 de la mañana, un día de invierno de 1973. La sede del MAM, el Movimiento Agrario de Misiones, aquella casa de dos pisos frente a LT 13, en Oberá, estaba inusualmente silenciosa.

Yo estaba tomando mate en la cocina con Pedro Peczak, cuando Estela Urdániz cortó la charla:

—Pablo, hay un tipo de Las Marías y quiere hablar con alguien del MAM.

—Que vaya Pedro, o Tatú (Juan Carlos Berent) —protesté.

—Yo no tengo nada que hablar con esos gorilas —se excusó Pedrito.

—Que vaya Tatú, alguien de la Comisión Central —insistí.

—No, anda vos. Para algo sos asesor—sonrió Pedro—. Alguien tiene que hacer el trabajo desagradable.

Antes que discutir con Pedro y Estela preferí hacerme cargo del personaje.

Un hombre de unos cuarenta años, con el infaltable pañuelo estanciero en el cuello, pero vestido de sport urbano, y una matera de cuero repujado junto a su pie derecho, se presentó, sin levantarse de la silla:

—Soy Pablo Navajas Artaza.

Me senté y en tren de trivializar la conversa le contesté:

—Mirá que coincidencia, yo también soy Pablo.

—Ya sé. Se bien quien sos, Pablo Fernández Long —me interrumpió.

—Bueno —ahora lo interrumpí yo—: ¿qué andás buscando por aquí?

La discusión no iba a ser fácil.

Don Pablo, así lo llaman en Corrientes, intentó convencerme de que a los colonos del MAM no les convenía hacer paro, al menos no a Las Marías, ya que esa empresa “paga mejor que otras”, lo que no era cierto, y se lo dije.

Recurrió entonces al argumento de que Las Marías contaba con producción propia y que si no les compraba los perjudicados serían ellos.

Eso no era exactamente cierto entonces, pero lo sería mas tarde. El objetivo de la concentración de la producción ya estaría incluido en el Business Plan de los patrones de Virasoro.

Así fue escalando la presión hasta que tuve oportunidad de meter un bocadillo:

—Mirá, ustedes podrán tener toda la producción que quieran, pero sin los tareferos no la podrán levantar, y hoy muchos colonos, especialmente los del MAM, se han dado cuenta de que los tareferos no son sus competidores, y mucho menos sus enemigos. FATRE ya acompañó varios paros, y no va a pasar mucho tiempo antes que suceda los mismo en Corrientes.

No le gustó nada.

Ahí nomás se puso a despotricar contra FATRE, el sindicato de los obreros rurales en Misiones, y contra su secretario, Cardozo, con quien el MAM tenia muy buenas relaciones desde hacía tiempo.

—¿Qué hacen ustedes juntándose con ese comunista? —Se cabreó—. FATRE es una porquería que va a arruinar a los colonos.

A esa altura de la charla el temario estaba agotado.

—Mirá —le dije—, lo mejor es que vuelvas a Las Marías y convenzas a tu familia de que si quieren yerba, o té, tendrán que pagarlo. Por lo menos aquí en Misiones. Ya terminamos, podés irte.

—No me voy sin hablar con alguien de la comisión central —contestó.

—Mejor que no —insistí—. Ellos no negocian con los Grandes, y menos en estas condiciones. Además es mejor dejarlo así nomas. Si los llamo es probable que te despidan con menos amabilidad que yo.

Ahí el hombre se calentó en serio. Abrió la matera y me dejó ver un revolver.

—¡A mí nadie me echa! —murmuró.

—Qué coincidencia —repetí—. Yo también me llamo Pablo.

Y abrí un poco la campera para que viera el revolver que tenía en la cintura.

Guardó el termo y el mate, cerró la matera, se levantó y se fue sin saludar.

 

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Unos 30 años después Don Pablo murió sin haber pagado sus crímenes.

Y tuvieron que pasar 16 años más para que los crímenes de lesa humanidad cometidos en Las Marías, por sus dueños, socios y amigotes, fueran juzgados.

Y entonces, una mañana de invierno del 2018, en Virasoro, alguien volvió a nombrarlo.

“Don Pablo”, dijo un testigo, y volví a recordar aquel episodio.

En el relato del testigo, víctima también de la represión en Las Marías, Don Pablo era el patroncito benévolo que, después de hacer desaparecer a sus compañeros, y torturarlo a él mismo, les ofrecía ayuda. Un trabajo y provista para las viudas… escuela para los hijos… trabajo para los sobrevivientes. Y consejo.

El consejo repetía las amenazas que yo le había escuchado 45 años atrás: “Pero no te metas con ese sindicato de porquería, solo te va a traer problemas”.

Hablaba de FATRE, el sindicato que habían descabezado con los militares que usaban Las Marías como lugar de descanso y recreación. Allí llegaban, muchos en avión, de distintos lugares de Corrientes, Misiones, Chaco, y entre partidos de polo, asados y guitarreadas, descansaban. Aunque también es probable que hicieran algunas horas extras.

FATRE. Era evidente el odio de los esclavistas a los trabajadores organizados.

Mientras tanto sigo reflexionando sobre algunos recuerdos, y unas pocas convicciones que se reafirman a pesar del tiempo.

Recordé que para los colonos grandes, a veces medianos, e incluso para algunos pequeños, irremediablemente radicales, es decir antiperonistas, la cooperación del MAM con FATRE era inmamable.

Esa fue una de las principales acusaciones, abierta o encubiertamente, del ataque contra Pedro y otros miembros de la conducción del MAM, que llevó a su ruptura.

Curiosamente, algunos miembros del MAM que eran del PC, apoyaron a Michell Gilbart y los suyos en esta campaña. A pesar de que Cardozo, y eso no era ningún secreto, era del PC.

¿Contradicciones entre camaradas? ¿Intereses de clase? Vaya uno a saber.

Hoy, una escuela de Virasoro, lleva el nombre de Don Adolfo Navajas Artaza, el criminal de lesa humanidad que sigue gambeteando a la justicia, y el Centro de capacitación de Las Marías lleva el de Pablo, que murió impune. A ellas asisten los nietos de sus víctimas.

¿Qué resultará de este juicio? No sé.

Se juzga a un criminal que, comparado con los Navajas Artaza, es un perejil. Era Teniente Primero retirado cuando fue designado intendente de Virasoro por la dictadura. Porteño devenido en estanciero correntino, ¿puede haber algo peor? Lo ascendieron a General, de un plumazo, como a López Rega. Por algo habrá sido.

Es juzgado hoy por algunos asesinatos y desapariciones en su estancia, vecina a Las Marías.

Una vez mas, Las Marías no pagan.

Pero lo importante es que por primera vez en Virasoro, feudo indisputable y esclavista de los Navajas, un balde de sangre empaña a los señores de la vida y la muerte, del trabajo y el dolor de miles de correntinos durante mas de 60 años.

Algo tendrá que pasar, alguna vez.

 

 

 

Fotografía: Oberá, Misiones. 1975. Pablo Fernández Long haciendo uso de la palabra en un acto del Partido Auténtico, junto a colonos de la zona centro de la provincia.
Fecha de publicación: 6 de julio de 2018.