Todos saben lo que pasó y es un secreto manifiesto a viva voz. Una tarde nos contaron que la noche anterior al crimen, Fabián “Pendorcho” Gruber festejaba su cumpleaños y que a esas fiestas suelen atraer a jóvenes humildes que son abusadas por los hijos del poder y amenazadas… Es que ¿quién les creería? ¿Quién las defendería?.

También dicen que a los niños bien “se les fue la mano”, porque Tati se atrevió a decir que no, que no quería. Se les fue la mano, se les fue la mano e intentaron encubrir su crueldad con más crueldad, mutilando su cuerpo y abandonándola en un descampado. Y se cuenta cómo fue, cómo lavaron su cuerpo en el hospital para sumar crueldad al crimen y cubrir a los “niños bien”.

Desde un inicio las sospechas apuntaban a Fabián Gruber, hijo del  ex Intendente y ex Diputado provincial por el Frente Renovador de la Concordia Gilberto “Pato” Gruber y sobrino del actual Intendente de Puerto Esperanza, como autor del asesinato. Ambos dueños del silencio y el temor de todo un pueblo.

Se sabe que fueron las primeras personas en llegar al lugar, cruzar los vallados e intervenir activamente en las primeras acciones de peritaje. Esto ha sido debidamente comprobado por testimonios, fotografías e incluso el propio diputado Pato Gruber, en una entrevista radial manifestó abiertamente: “Fuimos los primeros en estar al frente con los peritos y el juez. Yo mismo incluso colaboré buscando en la capuera algo que pudo haber quedado, porque siempre algo queda”. Y si, siempre algo queda y debían borrar cualquier rastro que los vinculara, según comentaron algunos vecinos al recordar cómo fue esa mañana. También contaron: “cuando Pato estaba dentro del predio, donde estaba el cuerpo, estaba pateando como buscando algo que se le había perdido, entonces fue cuando el Juez le llama la atención y le dice – qué haces-  y el respondió -no, estaba buscando algo, que si no se le cayó a alguien-”.

En la plaza se contó y alguien dijo cómo fue que la asesinaron, que se les había ido la mano, que intentaron cubrirse y que desde temprano se sabia todo. En una nota, el maestro de Tati Piñeiro y Hernán Céspedes contó que  “previo a la detención de Hernán, se llevaron de la escuela a varios jóvenes de condición humilde”. La policía se los llevó, los golpearon, los torturaron amenazándolos de muerte, los llevaron a la orilla del río y los presionaron para que se declaren culpables del atroz crimen. Cuentan que en ese momento el comisario era García, allegado de los Gruber, quien misteriosamente fue trasladado luego de un corto tiempo.

Así cayo Hernán, acusado de violarla, mutilarla y matarla. Se dijo que él la asesinó y que trasladó su cuerpo en su moto, paseándola por todo el pueblo. Esta versión suscita múltiples interrogantes: ¿Él solo?¿En una moto?¿Nadie lo vio?¿Cómo lo haría?

Luego de ser trasladado a la Unidad Regional N°5 de Puerto Iguazú, Hernán apareció “suicidado” en su celda horas antes de declarar. Se dice por lo bajo que lo suicidaron por si las dudas fuera a hablar.

Nora Céspedes, la madre de Hernán, relató lo mismo que aportó al expediente judicial: “La última vez que vi a mi hijo con vida, después de estar horas esperando, abrieron el candado y me dejaron verle tres minutos. Me pidió que no lo abrace, porque había estado encadenado a una barra por la espalda, y le dolía todo: los brazos, la espalda. Lo abracé por las piernas. Tenía golpes por todos lados, me habló al oído y bien clarito me dijo “mami, me están matando, la policía demasiado quiere que yo diga que fui el que mató a Tati, me están cagando a palos, me ponen bolsas en la cara para asfixiarme y me están amenazando mamita, creo que no voy a volverte a ver mamá” me dijo y me abrazó”. “Cuando se  pudo ver el cuerpo, tenía rotos los huesos, marcas de quemadura de cigarrillo, las manos lastimadas, por todos lados marcas de que fue terriblemente torturado, hay testigos de todos esto que el juez (Fernandez Rizzi) no quiso escuchar, a mi hijo lo golpearon hasta matarlo, justo unas horas antes que declare, es una terrible mentira lo del suicidio, eso no va a quedar así”.

Es de recordar que la causa judicial estuvo primero a cargo del juez Fernández Rizzi, quien renunció al caso en el año 2013 seriamente cuestionado por su papel en la investigación. El caso pasó a manos del juez Saldaña de Eldorado, hasta que el mismo solicitó su apartamiento y remitió el expediente al juzgado de origen, en Puerto Iguazú. Una vez allí el juez Lunge rechazó avocarse al caso.

Cinco años han pasado. Tres jueces han intervenido. La impunidad tiñe la causa por completo. Amenazas, extorsión y aprietes son la respuesta en Esperanza para quienes se atreven a gritar lo que todos callan. A cinco años, no olvidamos, no callamos, no perdonamos. Justicia por Tati, presente ahora y siempre.

 

 

Contribución de la Comisión “Justicia por Tati Piñeiro”