Fue el domingo 13 en el Salón Cultural Eibl de Eldorado. Lleva por título: “Guaú que soy limpito. Transmito”.

Con un despliegue sorprendente, y un notable crecimiento actoral de sus integrantes, La Murga del Tomate puso en escena una obra con mucho humor, dinamismo, y potentes mensajes. La dirección de la obra estuvo a cargo de Yanko Tomas; la dirección musical, de Álvaro Aguirre Escalada; y las letras de las canciones fueron creación colectiva.

Nacida hace década y media como proyecto de concientización sobre diversas temáticas como la salud o el medio ambiente, la murga eldoradense llega en esta oportunidad a su máximo potencial, según quienes la siguen desde sus inicios.

“Guaú que soy limpito. Transmito”, plantea la problemática de la basura, las responsabilidades compartidas por su acumulación, desmanejo y potencial peligro para la salud. Para graficar esta situación, se desarrolla una situación en un barrio que podría ser cualquier barrio popular periférico desatendido por las autoridades municipales, donde la basura se acumula sin que nadie se haga responsable de ello.

Los vecinos del barrio son los protagonistas, encarnando personajes característicos de lo cotidiano en código grotesco que hacen estallar de risa al público al reconocerse en ellos, no individualmente, sino como comunidad.

Lenguaje, tics, modismos y ocurrencias bien regionales o incluso locales realzan esta interpelación que a través del humor la obra plantea sobre un tema nada menor, que pone en riesgo no solo la salud de la población sino incluso el futuro del planeta. Otros temas se cuelan en el transcurso de la historia son la desocupación generada por la actual política económica y las condiciones del servicio urbano de pasajeros.

En síntesis, una reconfortante reaparición de la Murga del Tomate, esta vez en un escenario teatral clásico, pero adaptable a cualquier otro espacio.

Seguramente “Guaú que soy Limpito. Transmito”, tendrá un fructífero andar con sus potentes mensajes movilizadores. El público salió de la Sala contento y agradecido, por la calidad de lo recibido y compartido, y la entrega de los actores murgueros, que “ponen todo” en el escenario.

 

Por Omar Holz