Gente que busca encontrarse

Como desde hace 29 ediciones, el sábado 12 de noviembre, en la emblemática Escuela Normal Nº2 de Montecarlo, se juntaron una vez más los vecinos de los barrios con sus familias, docentes y estudiantes que forman parte de la vida educativa, artistas y músicos de la comunidad e invitados, a celebrar el “Festival del Reviro y la Cultura Popular”.

Este encuentro convoca año a año, por medio de afiches que los chicos llevan a los barrios donde viven, a compartir un espacio artístico y cultural que pone en el centro de la escena la riqueza de las expresiones populares de nuestra cultura; aquella que ostenta las formas propias de la gente de río y monte, la gente de esta Mesopotamia entre “fronteras” paraguayas y brasileras, tan particular a nuestras venas, herencia primigenia guaranítica, criolla y mestiza.

Durante el Festival que inicia al caer la tarde, los vecinos y estudiantes, en el patio de la escuela van encendiendo sus fogones, y con las ollas negras, trébedes, ingredientes (harina, grasa, huevos) que traen de sus casas, a la luz de las llamas distribuidas por montones, bañados en humo de las leñas, acompañados por un rico mate, o quizás -los más adultos- algún jarro de vino, comienzan a amasar y apalear la “Competencia del Reviro”; comida principal del trabajador mensualizado o “mensú” en los obrajes de todo el Alto Paraná, por su poca cantidad de ingredientes, su bajo costo y su alta capacidad de generar energía para el trabajo rudo y exigente en el monte.

 

“Cuando el payé se quema solito entre la arena,
entonces cuando grita el reviro su pobreza,
apaleado en la olla como un preso…
Cuando arde la azada entre los nervios
y el monte todo se funde en llamarada…
El corazón entonces le rompe la camisa,
un rumor de tormenta le trepa la garganta
y en un pueblo de azadas que desbordan su pecho,
con rugidos de tigre, el carpidor se agranda”.
Juan Carlos Martinez Alva (1908 – 1990)*

 

Luego, al ir terminando las cocciones, en distintas categorías, se premia a aquellos que degustados por el público y el jurado, mate cocido por medio, resultan los más sabrosos.

También se hace la competencia de acarreado de bolsas de harina. Y aunque hace un tiempo no se llevan adelante, recordamos de otras oportunidades, los famosos concursos de baile de chamamé, sapucay, de hacheros y trozadoras, de pelado de mandioca, las muestras de obras artísticas y artesanías de los chicos y familias, o los cuadros de apertura con alegorías mitológicas.

Acompañan la jornada las cantinas con empanadas, choripanes, reviro, sopa paraguaya, platos dulces y bebidas que trabajan los docentes de primaria y secundaria buscando juntar algún dinero para mejoras de la escuela. Y como debe ser, un escenario repleto de artistas y músicos para animar la noche, el baile y la fiesta.

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Imposible no llenarnos la retina y el olfato, bañarnos el cuerpo de esta experiencia, de esos signos que construyen un paisaje mental con colores bien misioneros, y nos revuelven las entrañas, reviviendo lo que a veces ocultamos u olvidamos y que bien adentro nos conforma.

 

¿Cómo y cuándo nace este espacio?

Allá por 1980, a partir de la necesidad de reencontrarse con aquellas huellas de participación y espacio común perdidas durante la última dictadura cívico-militar, es que un grupo de estudiantes se propone romper el miedo, y vuelve a organizar en los patios las añoradas juntadas de guitarreada, reviro y mate cocido que antaño se realizaban en la escuela.

El Golpe de Estado del ´76 había intervenido la Escuela y detenido a muchos docentes y estudiantes, instalando el vacío de prácticas colectivas y comunitarias. Recuperar este espacio, cuidarlo y sostenerlo, es lo que derivó luego con el correr de los años, en la legitimación institucional de los encuentros, convirtiéndolo en Festival para toda la comunidad educativa y el pueblo, reforzando y construyendo su sentido de fortalecimiento de la Cultura Popular; se extendió y creció cada vez más desde la gestión propia y el esfuerzo de todos los actores institucionales y aportes de los vecinos de la ciudad, llegando a ser reconocido de interés municipal con la Escuela Normal Nº 2 de Montecarlo como sede permanente.

Cuando nos referimos a Cultura Popular entendemos por ellas, aquellos usos y prácticas cotidianas, creaciones propias y auténticas que representan la forma de ser y hacer que tienen nuestros pueblos, ligada siempre a sus condiciones materiales, sociales y económicas, a través de “una” historia que siempre es compartida.

 

¿Por qué fomentar el fortalecimiento de la cultura popular?

Porque es una manera de defender la unidad del pueblo, de recuperar los lazos que nos hacen sentirnos parte de él y encontrar los caminos que nos permiten salir de la situación de postergación que viven hace siglos los pueblos de Nuestra América.

También porque, siempre, por oposición, la cultura popular se juega una lucha que disputa y resiste a las formas/formatos que imponen la homogeneidad, centralizada desde los lugares de poder y medios de comunicación masivos, desde las culturas de élite, que desvanecen y borran nuestras particularidades y heterogeneidades, desvinculándonos de nuestra memoria, de quiénes somos como grupo humano, de cómo somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir.

 

 * Juan Carlos Martínez Alva, nació en Marcos Paz (Provincia de Buenos Aires). Su primer contacto con nuestra región se da entre 1940 y 1943, recorriendo la Mesopotamia y el Litoral. En Misiones estudia al hombre y su paisaje, la selva; interviene en la apertura de la Ruta Nacional Nº 12, tramo Garuhapé – El Alcázar. Hizo pintura y poesía de selva. Realizó estudios de arquitectura, lanzando la idea de “La Vivienda Bajo una Sombrilla”, para zonas tórridas, y varias obras entre las que se encuentra la Iglesia de Santa Rita, de Caraguatay. Escribió “Cuentos de Monte Adentro”, “Cantos de la Selva Roja”, “Cantos de Fogón y de Vigilia” y “Cantos de Olivo y Recuerdo”, entre otros. En 1954 regresa a Misiones para varios trabajos. Como miembro activo de la Coordinadora Cultural Alto Paraná, intervino en proyectos que consolidaron el sentido de pertenencia a esta región Guaraní, y acompañó el nacimiento y crecimiento del Círculo de Jóvenes Escritores del Alto Paraná, brindando conferencias y charlas. También colaboró con los contenidos de los Campamentos Culturales y programas educativos, y fue un firme militante en la causa por los Derechos Humanos.

 

Colaboración especial de Norma Ramos y María Paula Lafere
Fotografías: gentileza Ramón Valenzuela y Amilcar Verón