El dengue se encuadra entre las enfermedades de transmisión vectorial, denominamos vector al ser vivo (insecto, molusco, mamífero, etc.) que trasmite la enfermedad de un animal enfermo a uno sano o que intervienen en el ciclo de la enfermedad, junto como por ejemplo: malaria, leishmaniasis,  leptospirosis, fiebre amarilla, para nombrar las más representativas en la región.

Las enfermedades vectoriales han modificado el curso de la historia muchas veces, desde la epidemia de la peste que mató a un tercio de la población europea hasta la demora en la construcción del canal de Panamá, entre otras historias.

En  América, el dengue es trasmitido por el mosquito Aedes aegypti (además es capaz de transmitir en condiciones de laboratorio decenas de patógenos,  es el causante de la transmisión de la fiebre chikungunya y la fiebre zica que actualmente presentan brotes en América).

En Misiones ya tenemos un largo camino recorrido con el dengue, pero si vemos desde el año 1997 donde comenzaron a reportarse casos hasta el día de hoy, no han cambiado mucho las respuestas que se ha tenido desde los ámbitos gubernamentales, con casos aislados de buenos trabajos.

Como toda enfermedad social, necesita de la conjugación de varios factores que permitan que se propague, donde las acciones individuales no alcanzan para protegerse, como sí ocurre, por ejemplo, en las enfermedades donde se han desarrollado vacunas, donde la acción de cada individuo provee de su protección personal.

La enfermedad vectorial más importante en la Argentina es el Mal de Chagas, que afecta a casi un millón y medio de personas, pero como esta enfermedad ataca a los pobres principalmente, no tiene una repercusión en los medios. La particularidad del dengue es que afecta a todos por igual, por decirlo de una manera, claro que las poblaciones más vulnerables (sin agua corriente y con poco acceso a los centros de salud) en general son las más golpeadas, para dar el ejemplo del ex vicepresidente de Paraguay tuvo dos veces dengue.

En Santa Fe la enfermedad vectorial más importante es la leptospirosis, que mata de 5 a 10 personas por año, mucho más que el dengue, siendo éstas en su mayoría trabajadores del campo o habitantes a la orilla de arroyos y ríos.

Hay determinantes que son intrínsecos, al vector, al virus, al clima que no podemos modificar, otras determinantes sociales, mucho más importantes a la hora de actuar,  como la falta de distribución de agua en calidad y frecuencia necesaria en todos los municipios, la falta de saneamiento urbano, poco compromiso social por parte de la comunidad, falta de alertas tempranas y de comunicación entre estamentos del Estado, falta de equipos especializados en todos los municipios, tareas esporádicas principalmente en verano, entre otras causas como el hacinamiento en las ciudades, la gran migración de personas durante todo el año, hacen de esta enfermedad un escenario complejo de abordar, más en un Estado donde la primer respuesta es ocultar los casos, sin tener en cuenta que detectando tempranamente los primeros enfermos, se puede disminuir significativamente el brote y la epidemia.

Debemos convencernos que estas enfermedades cada vez se van instalando más y cada año provocan más casos y muertes. 

Con lo cual, la complejidad aumenta y es directamente proporcional la complejidad de las soluciones, aunque la premisa es muy simple ” sin agua acumulada no hay mosquitos, sin mosquitos no hay dengue”, la aplicabilidad es muy difícil, por que cambiar patrones sociales no es cosa de un día para el otro, o con una publicidad, donde esta en enfermedad en la región nos lleva más de 20 años de ventaja,  sino analicemos la principal causa de muertes de personas jóvenes en nuestro país que son los accidentes de tránsito.

Si las autoridades no comprenden la importancia de la dimensión social de estas enfermedades, difícilmente se avanzará en su control y disminución de su impacto; donde todavía el lobby de los grandes hoteles de Iguazú tienen más peso que la salud de la población, hasta en esa visión están equivocados los que deciden en salud, porque si afectaría el turismo, nadie ira al Brasil a vacacionar.

Por el mismo carril van las leyes que regulan o sancionan a las personas que no colaboran en este sentido, pero como se daba el ejemplo anteriormente, si en el país donde conductores matan personas impunemente y a los pocos días están libres, difícilmente se hagan leyes que puedan ayudar al personal que trabaja en campo, podemos ver esa evolución en los países de Asia.

Hay un cuco político al dengue, como si somos Argentinos no podemos nombrarlo o no podemos tener dengue porque mancha nuestro orgullo nacional (otra explicación no hay), en otros países publican abiertamente los casos y nadie renuncia, en estos rincones tapan hasta que explotan, pasamos a tener en Misiones de 8 sospechosos a declarar que todo febril es dengue: un chiste de mal gusto, están mal asesorados o saben muy poco.

Generalmente las decisiones políticas se enmarcan en ocultar los datos, por lo que un mal diagnóstico provoca desconcierto y desasosiego en la ciudadanía, como así también despreocupación, y el segundo en una segunda instancia pasamos a la emergencia, lo que genera pánico e incertidumbre, pasamos del “no pasa nada” a “te vas a morir de dengue”.

Claves para trabajar

  • Saber que no se va a erradicar el Aedes y que la enfermedades vectoriales es una realidad en la salud como tantas otras enfermedades transmisibles.
  • Sincerar la realidad de casos, si se logra actuar de forma rápida en los primeros casos es posible disminuir significativamente los brotes.
  • Que cada municipio cuente con los recursos técnicos y humanos para trabajar durante todo el año: por ejemplo en Cuba hay un técnico cada 600 personas, en Brasil un técnico cada 2000 personas, en Argentina un técnico cada 30000 personas(según cálculos personales por que no hay datos oficiales).
  • Tener planes y metas de trabajo, que se puedan evaluar: se debe trabajar entre nación, provincia y municipio, con un seguimiento de un organismo q centralice, analice y evalúe, generando las capacitaciones constantes a todo el personal de los municipios y además que los recursos lleguen a los que trabajan.
  • Involucrar a la sociedad desde la participación comunitaria: es prioritario que la comunidad se involucre de forma positiva en el conocimiento de su función para disminuir las poblaciones de mosquitos.

Hoy en Misiones según datos extra oficiales ya hay más de 10 mil casos y se calcula que para la entrada del otoño hasta un 10% de la población pude contraer la enfermedad, en Iguazú que es el lugar donde cada año se registran casos puede llegar a duplicarse esta cifra, pero es una lástima que nunca lo sabremos a ciencia cierta.

En toda epidemia de dengue por cada enfermo que concurre al sistema de salud hay por lo menos 4 que no lo hacen, o por que son asintomáticos o con síntomas leves o porque otra persona del grupo familiar o cercano fue y le informa el tratamiento.

El problema es el futuro, por que con una cantidad de personas que han sido infectados con un tipo de virus, en este caso circula el DEN 1, cuando aparezca otro virus y estas personas sean infectadas nuevamente, un porcentaje de aproximadamente el 20% desarrollaran lo que se conoce como dengue grave.

Colaboración especial de Edmundo Fabricio Tejerina, Biólogo especialista en Epidemiología