En el año 2008 hubo un “lock out” (paro) patronal agropecuario en Argentina, liderado por los sectores concentrados del campo y fogoneado por los medios de comunicación hegemónicos y la oposición al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Nicolas Caropresi, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) lo rememora en este excelente artículo que nos hace mirar el pasado reciente para reflexionar sobre la actualidad.

 

Si no me falla la memoria fueron 129 días. En términos de guita no me voy a meter, porque no puedo calcular realmente cuantos miles de millones estaban en juego, pero deben haber sido unos cuantos de miles. Fue una batalla, mediática, cultural, simbólica, material, y hasta familiar en algunos casos. Pero fueron más o menos 129 días. No me meto en qué se jugaba en términos abstractos, en términos de soberanía, en términos de lucha de clases, en términos de poderes, en términos de historia, voy a esquivar esa parte.

129 días, varias rutas nacionales, varias plazas, varias calles, frío, tortas fritas, mates, cuero de carpincho. Kilométricas filas de autos, camiones, micros en varias rutas nacionales. Carpas, escenarios. Falta de alimentos, precios que se iban a las nubes. 129 días.

129 días discutiendo la rentabilidad de un poroto, y cuánto sacrificio costaba. Cuánto “empleo generaba”, cuánta economía que “florecía” alrededor de un poroto. Tampoco voy a discutir con un poroto y la muerte.
129 días de relativo desabastecimiento a la ciudad más poblada del país. 129 días, donde no se discutía hambre, no se discutía el desempleo, no se discutían despidos, no se discutía el estado de la educación, no se discutía el derecho a la huelga, no se discutía la violencia policial, no se discutía la marginalidad. 129 días donde los generadores de opinión, el periodismo más viejo y conocido del país, los referentes de la verdad en el presente, unieron su poder de comunicación con la causa de los damnificados. Hablaban de quiénes sostienen esta Nación, hablaban del sacrificio y los riesgos económicos de apostar al “poroto”.

Y trato de pensar cuál era el daño. Quizás los miles que cortaban rutas sentían que les estaban robando, que no se les reconocía el “esfuerzo” de “su” trabajo. Pero en líneas generales no hablaban de hambre, no hablaban de llegar a fin de mes, no hablaban de quedarse sin trabajo, no hablaban de pobreza, no hablaban de falta de empleo. Planteaban, con gran parte del poder de su lado (poder económico, poder mediático, sectores del poder político, eclesiástico, judicial) que ellos tenían derecho a ganar mucho más o como mínimo lo que venían ganando y que un gobierno populista y corrupto trataba de sacarles.

Los Leuco, los Lanata, los Feinmann, los Fantino, los Clarín, los La Nación, las Mirta. Todo un arsenal de terroristas de la información jugando en su favor. Los Macri, los Michetti, los Vidal, los Cobos, los Lilita todo un arsenal de políticos acompañando los cortes y levantando la voz de quienes querían mantener intactas sus ganancias (muy pero muy por arriba de la línea de pobreza) e incluso ganar un poquito más.

Finalmente la “democracia” dio el golpe final y, dejando las cosas exactamente como ellos querían, llegamos al día 129. Cantaron el himno, tocaron bocina, comieron grandes asados, se abrazaron, lloraron. Así tras 129 días impusieron al pueblo argentino su victoria, su justicia, su necesidad, la prensa festejaba no el fin del hambre y la desigualdad, no el pleno empleo, no la educación para todos, no. Tras 129 días se festejaba que un grupo o un sector de la sociedad argentina iba a ganar más, su derecho divino, que algunos corruptos le quisieron arrebatar. Iban a poder vacacionar como se lo merecen, iban a poder renovar sus camionetas de alta gama (indispensables para el trabajo arduo en el campo), iban a poder agrandar un poco más sus “Ranchitos”. Tras 129 días el “pueblo argentino” había triunfado.

Que se dejen de romper las pelotas los docentes, aunque ganen 9 lucas por mes y sean los encargados de construir las generaciones del futuro. Que vayan a laburar esos vagos que tomaron AGR porque cerraron de un día para el otro el lugar donde iban a trabajar hace años, dejándolos en la calle. Chantas los cientos de miles de trabajadores que le exigieron a la conducción de sus sindicatos un paro nacional, porque sus sueldos valen un 50 por ciento menos de lo que valían y ya no alcanzan para llegar a fin de mes. Ladrones y asesinos quienes cortaron calles para pedir dignidad en su trabajo, cortaron puentes durante 3 horas porque no tienen qué carajo poner en la mesa a las horas de las comidas. Crotos, ladrones y usurpadores los miles que de un día para el otro amanecieron durmiendo en las calles, pidiendo alguna moneda. Golpistas, fascistas, por reclamar, por atreverse a soñar en vacaciones, por atreverse a demandar sueldos más elevados, por atreverse a pensar que tienen derecho a la salud, a la educación, a la infancia, al juego.

Y si no se dejan de joder caguémoslos bien a palos, no les dejemos cortar una sola calle, ni siquiera que se concentren en la vereda, que ni se les ocurra ir a un comedor si no hay con qué llenar la panza. Cómo se atreven. Que gendarmería, que el ejército, que la policía, que toda la fuerza que puedan usar los Macri garantice nuestro derecho a circular. Si reclama, que vaya preso, que deje gobernar.

 

Colaboración especial de Nicolás Caropresi